Es de noche en Polaris, y en ese callejón, comenzaban ya a entrar la gente, eran muchas personas, entre ellas instrumentos ya afinados para aplicar melodías, parecía la locura misma, no era ninguna imitación de ella; una puerta pequeña y en el fondo la atmosfera de humo repoblaba el ambiente, habían unos cuantos velones encendidos, sillas improvisadas de madera y grandes cajones cubiertos de cobijas para los que venían con compañía; colgaban baratijas en el techo y pedazos de tela para ocultar el amanecer. Hacia al fondo se ubicaban ellos con sus figuras sonoras, era una tarima pequeña, pero cabían; iniciaban con preámbulo y depositaban el resto en lo que seria esa canción, todos eran críticos mientras las bebidas transitaban por el aire; no pude observar de donde provenían, súpose que de aquel cuarto cubierto de cartones de huevo con una entrada minima por la que la gente se asomaba, yo estaba dispuesto a inducirme allí, siendo por segunda vez un “infiltrado”. Bah! Pero que me importaba.
Me senté en una chaqueta de cuero, roja, no sabia de quien era y si estaba allí es porque él tampoco, o ella, aquí todos somos andróginos.
Un sin nombre vino, me pido un consejo, pregunto que si alguna vez había yo visto la noche en negro, pero negándome con la cabeza antes de contestar de inmediato que si se refería a esta, escribió en su mano, hierática. No entendí, hoy en día todos escribimos sobre utopías.
Seguí observando, se escuchaban ellos, trípticos, excitados con prisa, pero fluían agradablemente, disfrutaba ese momento elevado y entendía porque aquel monje que vi y oí ayer hablar en mis sueños me confesó acerca de esto tan sublime y es que viven de él, de la filosofía que expresa la libertad “ sonríe, respira y ve despacio” y yo tenia que estar ahí, todos juntos, sin par, no lo podía creer, aquellos danzando toscamente otros percibiendo placenteramente, como el pintor sobre el fondo que retrata la verdad, un momento frío heredado de … ¿ como podría desdeñarme de la esclavitud? , llegando de África mártires y encontrarse con cánticos, salmos, que pronto heredarían un sonido tan indescriptiblemente vivificante pero venidamente fúnebre acarreado por las imágenes de un Antiguo Testamento, no se si agradecer o quedarme callado, este mal daré gracias.
Thich Nhat Hanh , una obra expresionista, que en la opacidad relata fobias y a la mañana.. por Dios, ¿ que hora es? … desde aquí él intuyo el futuro; un cuadro formidable, una banda de jazz conmoviendo el publico en un espacio lírico.
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